Meade O La Falsa Hipótesis Del Hombre Probo

 

Espiridion Conde Nieva

 

Quizá el lector coincida con nosotros en aceptar que la continuidad del proyecto político económico ha sido un factor de gran importancia en esta ocasión, en la decisión de la candidatura presidencial para el año 2018 en el PRI. Si resultara cierta la apreciación, por más renovaciones que nos ofrezcan los priistas, ésta es la razón por la que Peña Nieto termina nominándoles a un tecnócrata de la segunda generación de norteamericanos nacidos en México (según dicho de Carlos Monsiváis), con formación en centros educativos privados y especializaciones en instituciones extranjeras.

Por supuesto, esta oculta razón no se menciona en los comunicados oficiales y en su lugar se enarbola como insignia un valor poco conocido por la clase gobernante que es la honestidad personal del elegido, que se adorna con las prendas de su condición de persona sencilla y la experiencia en el servicio público, además de destacar su formación académica. Sin detenernos en las tres últimas características, toquemos algunos aspectos referidos a la continuidad y la honestidad.

La continuidad de un proyecto político en México la conocemos desde el periodo de 1928 a 1934 cuando Plutarco Elías Calles domina un periodo de 6 años posterior a su mandato constitucional y que tiene fin con la llegada al poder de Lázaro Cárdenas del Rio, cuando la política nacional seguía la línea establecida por el llamado Jefe Máximo de la Revolución. En este caso no se trata de instaurar un Peñato como un proyecto personal, cuando estamos frente a un riesgo igual o mayormente pernicioso por tratarse de uno de tipo estructural y supra nacional, amablemente acogido por nuestra cúpula gubernamental, que se orienta a favorecer las ganancias de las grandes empresas, en detrimento de las mayorías, para si acaso, garantizarles estándares mínimos de sobrevivencia en su carácter de mano de obra, y muy especialmente para aplacar la osadía de que éstas se involucren en una revuelta social que volvería atractivo al país frente a la inversión extranjera, la principal preocupación de los gobernantes.

 

Me quiero imaginar el amplio tablero donde se anotaron las características de los funcionarios peñistas que libraban la rémora de los escándalos de corrupción, las responsabilidades de represión a la protesta social y que pudieran tener la mínima conexión con el electorado, en el cual eran finalistas un ex rector, un político de corte rudo y los restantes que se les nombraba para simular que s e realizaría una selección para buscar al mejor. Ahí pudo quedar señalado que algunos pudieran cuestionar e incluso, modificar la línea general del proyecto neoliberal, que según sus defensores ha brindado esperanza de un futuro mejor a los mexicanos. Fue entonces cuando al discípulo del doctor Carstens se le nominó adornando su biografía con la campaña que ahora lo pinta como la encarnación en nuestro siglo de Francisco de Asís. Si bien es valiosa la honestidad en el servicio público, la alineación intelectual con el modelo económico vigente pudo ser la principal garantía que se espera brinde a sus promotores, amén de la seguridad que no se emprenderá acción legal alguna para los casos de corrupción que estarán emergiendo en el manejo presupuestal presente. Se trata de dos garantías, una lealtad ideológica y otra más de impunidad a funcionarios públicos, como ya se ha empezado a documentar al paso del doctor Meade por la SEDESOL y en Hacienda, donde nunca denunció manejos sospechosos de corte criminal que ahora con la amable alternancia PRI-PAN empiezan a conocerse. Sin duda es el hombre para la situación y el momento … de ellos.

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